La esquina más codiciada del Paseo de la Castellana tendrá sólo 57 pisos y cinco áticos dúplex de ultralujo
EL CONFIDENCIAL, Ruth Ugalde 4 de Julio de 2026
Broche de oro al complejo de Castellana 200. Todo el esquinazo donde Reyal Urbis proyectó un hotel será una promoción de ultralujo, con pisos que superarán los 400 metros cuadrados.

Han pasado 20 años desde que Reyal Urbis adquirió a Restaura ocho edificios que formaban parte del proyecto “Manzana Castellana”, un plan de regeneración del rectángulo que forma esta famosa arteria con las calles Félix Boix, Doctor Fleming y Carlos Maurrás. El objetivo de la promotora de Rafael Santamaría era hacer un complejo, bautizado como Castellana 200, que iba a aglutinar oficinas, zona comercial, restauración, un parking con 844 plazas y un hotel de cinco estrellas.
Pero el estallido de la burbuja inmobiliaria llevó a Reyal a protagonizar una de las mayores quiebras empresariales de la historia de España. Su caída en desgracia llegó cuando todavía faltaba por terminar de construir una parte de este ambicioso proyecto, el hotel, que iba a ocupar todo el esquinazo entre el Paseo de la Castellana y la calle Carlos Maurrás. En total, 20.000 metros cuadrados quedaron inacabados.

Un rosario de problemas urbanísticos y societarios convirtió el edificio en un inmueble fantasma. Así estuvo durante 13 largos años, hasta que Drago consiguió desbloquearlo el año pasado. Como adelantó El Confidencial, la firma dirigida por Luis Iglesias se impuso en la subasta que hizo la administración concursal en febrero de 2025, aprovechando un derecho de adquisición preferente que tenía.
Aunque en un primer momento valoró la posibilidad de mantener el proyecto de hotel, rápidamente tomó la decisión de aprovechar la fuerte demanda de vivienda en Madrid para hacer uno de los residenciales más icónicos de España. Un proyecto que lleva madurando un año, con el objetivo de hacer algo diferente: en un momento en el que el concepto de lujo se ha vulgarizado, Drago ha apostado por volver a los fundamentos y primar la calidad y la exclusividad.

Por eso, a pesar de contar con 20.000 metros cuadrados, el residencial solo tendrá 62 viviendas, que irán de uno a cuatro dormitorios, y cuyas superficies oscilarán entre los 130 y los 412 metros cuadrados construidos cada una. En estos números está incluida la parte de zonas comunes que corresponderá a cada hogar y que será uno de los signos diferenciales de esta promoción, que destinará 2.000 metros cuadrados a servicios exclusivos para los residentes.
Castellana 198 contará con club privado, spa con piscina interior, sauna y hammam, gimnasio, salas de tratamiento, cine privado, bar, cocina para eventos gastronómicos, vinoteca, simulador de golf, kids club, jardines interiores, trasteros y aparcamiento, además de una piscina exterior situada en las plantas superiores del edificio. El objetivo de Drago con toda esta oferta es diferenciarse del resto del mercado por una nueva forma de entender la vivienda de alta gama, que prima la posibilidad de hacer gran parte de la vida cotidiana dentro del edificio, sin por ello restar metros cuadrados a las viviendas.
Al contrario, las dimensiones de los futuros pisos rompen con la tendencia menguante del resto del mercado. De media, los apartamentos de un dormitorio tendrán 81 metros cuadrados útiles (130 m² construidos); los de dos dormitorios, que son los más numerosos, contarán con 150 metros útiles (240 m² construidos); los de tres alcanzarán los 195 metros cuadrados (315 m²), y los de cuatro tendrán 256 metros cuadrados (412 m²).

“El proyecto cuenta con once plantas de viviendas, la baja será la entrada por un gran lobby con un jardín de fondo, y los servicios para residentes se encontrarán en el primer sótano del edificio, excepto la piscina exterior, que estará en la octava planta”, explica Mayte Medina, directora de operaciones de Drago, que evita desvelar cualquier referencia de precio de los futuros hogares.
Diseñadas por el despacho internacional Studio Seilern Architects y comercializadas por CBRE, estas viviendas han despertado ya el interés tanto de compradores nacionales como internacionales, que en apenas tres meses han adquirido ya la mitad de la promoción. “En esta primera fase, hemos visto una mayoría de perfil inversor, pero creemos que en la segunda etapa aumentará el porcentaje de comprador final. Hemos tenido un 40% de comprador latinoamericano y, dentro del nacional, el 60% es de fuera de Madrid”, señala Medina.

A pesar del verano, la directiva confía en mantener este ritmo de ventas en la segunda mitad del año, lo que, de confirmarse, permitiría a Drago poner el cartel de “todo vendido” este mismo año. La promotora prevé invertir 100 millones de euros en todo el desarrollo, y su objetivo inicial pasa por tenerlo completado para el año 2028.
“Tenemos plena confianza en mantener un buen ritmo durante la segunda mitad, apoyados en dos perfiles de comprador muy sólidos. Por un lado, el inversor, especialmente interesado en las viviendas más pequeñas, que no querrá dejar escapar la oportunidad de formar parte de un proyecto tan icónico en Castellana 198. Por otro, un perfil más emocional y familiar, que conoce bien Chamartín y para quien las viviendas de tres y cuatro dormitorios resultan especialmente atractivas”, explica la directora de operaciones.
La joya de la corona serán los cinco áticos dúplex que estarán situados en la décima planta de Castellana 198, obra con la que Drago quiere poner el broche de oro a los 25 años de trayectoria que celebra este ejercicio. En lugar de optar por la demolición, la firma ha apostado por preservar la estructura existente, concebida para uso hotelero, y prolongar su vida útil, incorporando criterios de sostenibilidad y eficiencia más contemporáneos.
Desde el punto de vista arquitectónico, destaca la fachada del edificio, que estará compuesta por grandes piezas de terracota vidriada en tonos azul petróleo, piedra natural y amplias superficies acristaladas. El objetivo que persigue Drago con ello es crear una imagen singular y reconocible dentro del skyline del norte de Madrid, una zona llamada a vivir una profunda transformación en las próximas décadas, ya que esta área es la puerta de entrada a la Operación Chamartín.
